Primera impresión: ‘Titanes del Pacífico’
La película más entretenida que he visto este año. No, me quedo corto. La que más he disfrutado, por lejos. Eso y más es ‘Pacific Rim‘, un verdadero golazo de Guillermo del Toro. Un exponente de que los blockbusters cargados al porcino en materia de efectos digitales sí pueden ser mucho más que un mero dulce para el ojo, de esos de sabor repetitivo y sin sustancia. Una producción de Legendary Pictures que no sólo está al otro extremo de los “Bayformers”, sino que cumple con creces con aquella promesa dada por el director mexicano hace casi un año en la Comic-Con 2012: este es realmente glorioso “porno robótico obsceno de acción de robot sobre kaijus”. No somos dignos.
No sólo eso. Esta también es una rareza para el cine blockbuster que la industria cocina actualmente, dándose el tiempo para construir a sus personajes, alejándose de tenerlos como meras marionetas al servicio de las explosiones. Y aún más extraño en el Hollywood que entrega decepción tras decepción, estos Titanes del Pacífico logran dar trasfondo al drama de los pilotos, interpretados por Charlie Hunnam y Rinko Kikuchi, para dejar clara la idea de que la salvación no está en el individualismo. Que la carne, y las respectivas naciones que crean a estos mechas conocidos como jaegers, puede poner espíritu y garra en las tuercas y transistores.
Elementos que van contra la idea de cierto sector que en la previa apuntaba con el dedo a esta propuesta, tildándola como un mero charquicán de cosas ya vistas en el pasado. ¿Saben qué? De hecho no han visto en el cine nunca algo como Pacific Rim. No a esta escala, que hace explotar las cavidades oculares y que vuelve a gozar como niños a todos aquellos que vimos hace un par de décadas al Festival de Los Robots. Que de seguro hará gozar un mundo esos más viejitos que rayaron la papa con Iron Man 28 y Mazinger Z o inclusive los giles más contemporáneos que creen que todo parte con Evangelion. No sólo eso, los más chicos – y no de porte – tendrán ahora algo como para que sus cabezas sean destetadas ante la magnitud de los mechas comandados por Gypsy Danger.
Los talibanes despreciativos, que creen sabérselas por libro pero no cachan una, no pueden estar más errados al mirar esto en menos. Pacific Rim es a toda una maravilla a la hora de conseguir lo que no pocos creían era un imposible hace un par de años. Es como el sueño del pibe, porque Guillermo del Toro sabe de monstruos, de animé de mechas y demuestra que aquí, en claramente la película más costosa, está en su salsa.
Pero Pacific Rim reluce más allá del campo del mero homenaje. Aunque todo el CGI al fin permite armar de forma filete a los mechas gigantes dándose y no consejos con monstruos colosales sacados de la tradición Godzilla, al mismo tiempo tiene una visión clara sobre qué cosas marcan al género kaiju, incluyendo ganchos al sustento primigenio en el origen, y también es un verdadero sahumerio al crimen concretado hace tanto tiempo por Roland Emmerich, en el traspaso gringo del monstruo gigante más conocido por todos. Más aún, cuenta con una última escena que se caga en todo lo que siempre la industria amante de las marcas conocidas quiere construir.
Esta es una respuesta al cine de monstruos gigantes hecho por pelmazos que no saben. Y es por esa misma purificación, que esto merece una peregrinación al cine. No todo está perdido, porque Titanes del Pacífico abraza un concepto tan raro para los gringos, sin dar concesiones, que abraza lo que es y está dedicada a dos grandes como Ray Harryhausen e Ishiro Honda. Esa es la clave de Pacific Rim, su encanto, su gancho. Véanla, porque definitivamente cada secuencia está marcada por el encanto de los monstruos y mechas gigantes. Que vuelve a la frase que ha marcado su promesa. Bendito porno robótico.
El tráiler final de Pacific Rim:
Destruye a todos los Kaijus
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